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EDITORIAL
por Juan Ventoso
El lector tiene en sus manos un nuevo numero de Aun, publicación que recoge (recopila, es el termino elegido) el trabajo que cotidianamente llevamos a cabo en el Foro Analitico del Rio de la Plata (FARP)
Si ese lector al que nos dirigimos frecuenta la lectura del seminario de J. Lacan en su versión en castellano, sabrá probablemente que “aun” es el vocablo elegido en esa traducción para volcar el francés encore, que quizá hubiera sido ventajosamente remplazado por un giro más usual y colorido, como -por ejemplo- “una vez más”.
Lacan procuraba, con ese título, situar lo que el inconsciente tiene de insistencia, de perseverancia –es decir, de repetición. En su enseñanza, el procuraba ceñirse a ese carácter del inconsciente, interrogando una y otra vez al psicoanálisis y sometiéndose a si mismo a esa interrogación en tanto analista. Este nuevo número es un signo de que, en la medida de nuestras posibilidades, procuramos hacer otro tanto.
La secuencia se abre bajo el titulo de los afectos en psicoanálisis, tema actual en nuestra comunidad internacional de Escuela. Encontramos aquí una conferencia de Colette Soler sobre los “trastornos del animo” y un texto de Gabriel Lombardi sobre tres formas de la angustia.
El segundo conjunto de textos atañe a la formación del analista: explora el modo en que este aborda a quien lo hace destinatario de su queja, en el trayecto que va de la rectificación a la destitución del sujeto, procura establecer las condiciones del acto analítico, y plantea el problema de lo que puede entenderse por investigación en el psicoanálisis.
El tercer conjunto propone temas como: la autoridad en la clínica con niños; la interpretación; el síntoma y la implicación subjetiva.
Finalmente, abordamos el siempre espinoso punto de la institución psicoanalítica, que a partir de Lacan ya no es definida como asociación profesional, sino como Escuela, cuyo corazón es la experiencia del pase.
Confiamos que tan sucinta reseña baste para sopesar la gravedad de los items abordados. Donde gravedad debe diferenciarse de pesadez de espíritu. Como decía Zaratustra, hay demasiadas pesadas palabras ajenas y demasiados pesados valores ajenos, pero también algunas cosas propias son una carga pesada.
Aligerémonos entonces, con el psicoanálisis…
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