El Cartel
En el acta de fundación de la Escuela, en 1964, J. Lacan escribió:
“Los que vengan a esta escuela se comprometerán a
cumplir una tarea que será sometida a un control interno y externo; podrán estar
seguros de que en este intercambio, nada será ahorrado a fin de que cuanto
realicen de valioso tenga la resonancia que se merece y el lugar que le
corresponde. Para la ejecución de este trabajo adoptaremos el principio de una
elaboración constante dentro de un pequeño grupo; cada uno de ellos (tenemos un
nombre para designar esos grupos) estará compuesto de tres personas por lo
menos, de cinco como máximo, cuatro es lo ideal. Más una encargada de la
selección de la discusión y de los resultados de los trabajos de cada uno”.
Eso es el cartel: una alternativa al grupo tradicional, una nueva forma de
juntarse para llevar a cabo un trabajo común, evitando el confort aplastante del
anonimato, resguardando la particularidad de cada lectura, de cada recorrido, lo
singular de cada decir.
Por ello, se reserva un lugar relevante al producto de
ese trabajo, que será “propio de cada uno” y donde la Escuela se compromete a
“asegurarle la resonancia que se merece”.
Todo lo dicho hace de la Escuela el lugar más propicio con el que contamos para
hacer lo que esté a nuestro alcance para asegurar la supervivencia y la
transmisión del psicoanálisis.